Iba cansado, como todos los
días, a eso de las nueve de la noche. Dispuesto a coger a la ruta de siempre,
con la esperanza de encontrar un puesto libre. La fila era corta a simple
vista, y con un poco de suerte me toco el último puesto, todos los demás que
subían después de mí, les tocaba ir parados; colgados; estrujados.
Antes de arrancar el bus, yo
ya estaba dormido. Venía de un viaje largo, tenía un viaje todavía muy grande como
consecuencia de los vicios, y el viaje a casa todavía se demoraba.
Entre las curvas, levante la
mirada y todos estaban en trance, mirando hacia adentro, deseando estar afuera.
Yo estaba dormido, pero ellos estaban perdidos.
Muy tuyo, muy propio, muy del mundo que nadie percibe.
ResponderBorrar