domingo, 25 de septiembre de 2016

Por la 65

Iba cansado, como todos los días, a eso de las nueve de la noche. Dispuesto a coger a la ruta de siempre, con la esperanza de encontrar un puesto libre. La fila era corta a simple vista, y con un poco de suerte me toco el último puesto, todos los demás que subían después de mí, les tocaba ir parados; colgados; estrujados.

Antes de arrancar el bus, yo ya estaba dormido. Venía de un viaje largo, tenía un viaje todavía muy grande como consecuencia de los vicios, y el viaje a casa todavía se demoraba.


Entre las curvas, levante la mirada y todos estaban en trance, mirando hacia adentro, deseando estar afuera. Yo estaba dormido, pero ellos estaban perdidos. 

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