Unos días amanecemos con ganas de callar, y otras veces
simplemente queremos gritar. Por lo general nos mentimos a nosotros mismos para
estar bien; para dar sentido a lo que hacemos. Mentira, todo es mentira sentida
sin medida, deshacemos todo lo que
queremos y pensamos en un simple des. Desorden,
desprecio, desquicio. En mi caso, esos tres des son los que me categorizarían si me desmintiesen; si me conocieran; si yo me dejase pillar.
Es por eso que día tras día oculta la verdad a los descuidados. Claro, también como ellos
lo hacen conmigo. Cada uno va con sus caprichos y desdenes, son necesarios para vivir a gusto con disgusto. Los
ocultamos porque nos avergüenzan, también porque algunos nos podrían causar
problemas. Los evitamos cada vez que podemos para luego explotarlos desmesuradamente, además que una vez que
nos damos cuenta que los necesitamos, nos acostumbramos a llevarlos.
Vamos por ahí conociendo y desconociendo, confiando y desconfiando,
caminando y descansando las rutas y
sujetos que nos rodean, pero no paramos nunca a ver la letra pequeña. A decir
verdad, jamás terminamos de visualizar la cantidad de des que complementan el vivir. Si no pasa nada no lo inventamos, si
pasa algo lo exageramos, si es mentira lo defendemos, si es verdad lo cuestionamos,
porque definitivamente lo cotidiano nos aburre.
A pesar de todo, no hay porque quejarse de nuestros des o los de los demás. Lo bueno también
tiene lo malo, y lo malo por supuesto siempre suele ser bueno. El único consejo
que podríamos dar es “portarse mal para pasar bueno” (Nauj Sador) al parecer de
este modo podemos despertar los
vicios sin tener el sin sabor de la conciencia.
Epilef G.P