Antes de empezar en esta aventura literaria semanal, donde
podré expresar cuatro dimensiones del lenguaje desde mi experiencia: El habla,
el escucha, la escritura y la lectura, quisiera compartir un desahogo respecto
a una de ellas, el cual a la vez es un homenaje a los personajes que me indujeron
al mundo de la literatura.
Dicen que morir ahogado es lo peor que puede pasar, y es
que para muchos desahogarse es realmente difícil. Puede ser por timidez o por
falta de valor, también está la posibilidad de que nunca pudieron hacerlo,
falta de tiempo u oportunidades. Pasa el tiempo y la sociedad sube el nivel del
agua cada vez más. Muchos se quedan en el fondo, en el olvido, sin jamás haber
sido escuchados; sin haber podido desahogarse. La voz corre más rápido que hace
un siglo, pero es menos escuchada que la de hace una semana.
Pocos usamos tanques
de oxígeno escondidos en el papel, de diferentes calidades, unos con más éxito
que otros, todos con la misma esperanza de desahogar el agua turbulenta que nos
rodea. De esos pocos hay otros pocos que valientemente deciden crear su propio
tanque de oxígeno, ¡Valientes! Sólo así deberían ser llamados, héroes de las
profundidades que crean aire para que otros lo tomen cuando lo necesiten;
cuando se identifiquen. Yo he sido salvado por un valiente, desconocido al
principio, luego maestro y ahora amigo. Él y otros once escogidos por el azar,
crearon una cúpula en el desolado mar del vivir. Es ahí donde me he desahogado
y por fin he podido respirar.
Epílef G.P