No puedo parar de pensar en los viejos tiempos, en los
que las preocupaciones no existían en mi diccionario existencial. Al parecer
cada día que pasa y entre más viejo me hago, las simples reglas de convivencia
son un imposible, como si del imaginario se tratase. ¿Dónde quedo el mundo que
me pintaban las tardes frente al televisor?
Será que los años han hecho de mi voz un demonio, o
simplemente tener más palabras para expresarme hace de mí un ser maligno. Eso
me han dicho, con el pretexto de ganar discusiones, dicen que no me entienden.
Entonces me doy cuenta que el repertorio de palabras que me enseña la academia
no son “tan buenas” para la cotidianidad.
Qué ceguera tan grande me producen las palabras, pues el
uso que les doy no ha sido adecuado. Tales como: Buenas, gracias y por favor,
son ahora un sufijo de la oración, ya que simplemente se dicen sin razón
alguna, donde se entiende su uso pero no su significado, ya el trasfondo del
decir se ha perdido. Supongo que es eso lo que pasa, hay una automaticidad que
desvela mi ser.
Y si tan solo quiero depender del silencio ¿Por qué eso
me hace malo? ¿Es necesario decir palabras que otros quieren escuchar para
quedar bien? ¿No es suficiente con sentirlo? Este mundo le da más importancia a
un te quiero pronunciado en voz alta, a un te amo jamás escuchado. Recuerdo el
tiempo donde el afecto de una persona se podía sentir desde la mirada, pero
ahora nos hemos vuelto olvidadizos, al parecer es necesario repetirlo
constantemente para que sea cierto. Eso debería ser más que obvio ¿no? Pues ya
no lo es.
Epilef G.P
Comparto las letras que has consignado. Al igual que vos, creo que por mucho que se hable, muchas veces, sólo se deslizan letras vacías, sin ningún "soplo de vida". Son muchos los traidores a su idioma. Gracias por la reflexión.
ResponderBorrar¡Viva la hipocrecía!