A
menudo me pasa que la gente se incomoda con el volumen de mi voz, en especial
en espacios reducidos. Las miradas, las chifladas y las señas recibidas me lo
confirman a diario. Infinidades de veces he pasado vergüenzas por
conversaciones que no debían ser escuchadas, las cuales en primera estancia
eran solo para la persona que estaba a mi lado, pero que finalmente termino
circulando por todo el lugar. El problema es que nunca me doy cuenta, siempre
me escucho en un tono común y corriente, no es sino hasta que veo a las demás
personas que no les interesa para nada lo que digo, se incomodan; también
cuando la persona con la que hablo me pide que baje el volumen.
Recuerdo
que la primera llamada de atención que tuve fuera de casa fue por estar hablando.
Estaba como en primero de primaria, por la profesora Fátima, que irónicamente a
los gritos me pidió que dejara de hablar tan fuerte. Año tras año, periodo tras
periodo, en reuniones de padres de familia la queja que recibían mis padres era
por estar hablando todo el tiempo en clase, además de estar hablando muy
fuerte. Mis padres acostumbrados a esta situación, quienes sufrían a diario
trasnochos por mi alta capacidad de comunicarme, no les quedaba más que
escuchar los reclamos y hacerle creer a los profesores que harían lo posible
para corregir mi esencia, mi voz.
Claro,
que está vozarrón que me ha tocado no es del todo desventajas, en realidad son
más las ventajas de las cuales por obvias razones me he aprovechado. Imagínese
usted recibir halagos por tu voz de las mujeres, no han sido pocas y no es por
alardear. El inconveniente es el promedio de edad que es elevado y fuera de mi
radar, pero esto no deja de ser un alimento constante para mi impenetrable ego.
Gracias
a esta voz tengo un plus en mi ámbito
profesional, en el cual podré estar siempre hablando en voz alta.
Epilef G.P
Cuando pienso en tu voz, recuerdo inmediatamente el día en que, en clase con el profesor Jean Paul, tenías que leer un texto, y había una parte en que hablaba una niña. Cuando modulaste tu voz, lo hiciste de una forma tan varonil y fuerte, que las risas acompañaron el resto de la lectura.
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